La Corona Imperial de Don Pedro II es talvez la pieza más rara de las colecciones nacionales. Espléndida obra de la joyeria brasileña, hecha por Carlos Marin, uribe, establecido en la Rua do Ouvidor, 139, en Rio de Janeiro, fué fabricada especialmente para la sagración y coronación del joven Emperador, entonces con 15 años de edad. Provedor de la Casa Imperial, Marin produció inúmeras joyas y adornos, entre los cuales el Globo Imperial, una de las insígnias majestáticas, y el anillo de sagración de Don Pedro II. Para la confección de las insígnias de Don Pedro II fueran desmontadas várias joyas de la família, conforme consta en los inventários del Arquivo de la Mordomia de la Casa Imperial, recogido el Archivo Nacional. Para la Corona, fueran aprovechados los brillantes de la coroa de su padre (detalle), Don Pedro I, y un hilo de pérlas, herencia paterna de Don Pedro II. Después de proclamada la República, la Corona Imperial fué guardada en el Tesoro Nacional donde permaneció hasta 1943, cuando fué transferida al recién criado Museo Imperial, de donde, desde entonces, núnca salió.